Prevención y Manejo del Estrés en la Profesión Sanitaria
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Prevención y Manejo del Estrés en la Profesión Sanitaria

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20€

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Puntuación:
5
Analizado el 17 octubre, 2018
Última edición:19 agosto, 2019

Reseña:

La prevalencia del estrés laboral, entidad ampliamente estudiada en las últimas décadas, ha aumentado notablemente en la mayoría de las ocupaciones modernas. En la profesión sanitaria ha cobrado una gran relevancia, relacionándose con la aparición múltiples trastornos mentales en los trabajadores de este sector. Una entidad que ocupa gran parte de los estudios actuales en lo referente a las consecuencias del estrés crónico es el síndrome de Burnout o de desgaste profesional, objetivado especialmente en los empleos con gran carga emocional, como es el caso de la profesión sanitaria.

Para la prevención y el manejo del síndrome de desgaste profesional es necesario, en primer lugar, su conocimiento. Para ello la formación en el tema es un asunto prioritario en las técnicas preventivas.

Como bien sabemos, existen tres dimensiones en las medidas preventivas: prevención primaria, secundaria y terciaria.

  • Prevención primaria: es la base de la prevención, el punto señalado en el párrafo anterior, la formación, es el aspecto en el que se basa este tipo de prevención. Además los sistemas de gestión eficientes tienen en cuenta este aspecto y favorecen el apoyo adecuado a los equipos de trabajadores para evitar su aparición.

En todos los aspectos de la Medicina Preventiva, la prevención primaria es el ideal de prevención. Se basa en aspectos educacionales para evitar la aparición de problemas de salud.

Un ejemplo gráfico de este tipo de prevención (de forma general) son las estrategias para ayudar al paciente fumador a cesar en su hábito tabáquico antes de que éste le cause problemas objetivables de salud. 

Al igual que se hace en otros ámbitos de la medicina, sería muy conveniente que las empresas o cuerpos constasen de personal cualificado para dar al trabajador pautas que le ayuden a afrontar el estrés que conlleva su empleo. 

  • Prevención secundaria: es la encaminada a detectar de forma precoz la aparición de los primeros síntomas en los trabajadores y así poder atajarlos de forma eficaz, aportando recursos de afrontamiento.

Un ejemplo de este tipo de prevención son los programas de detección precoz de tumores, como ya se realiza en nuestro país con el cáncer colorrectal y/o el cáncer de cérvix mediante la detección de sangre oculta en heces y citología Papanicolau respectivamente. Éstos detectan la presencia de enfermedad de forma incipiente y facilitan el buen pronóstico de las mismas a largo plazo, al diagnosticar carcinomas en fases iniciales que son potencialmente resecables y curables.

Este tipo de prevención sería ideal en los reconocimientos médicos a los que se somete casi de forma anual a los trabajadores, que en muchas ocasiones son excesivamente técnicos y se basan en pruebas meramente mecánicas (analítica sanguínea y de orina, electrocardiograma, audiometría, espirometría…) pero no valoran con ninguna herramienta ni ninguna escala validada la presencia de estrés y/o sus consecuencias en los trabajadores en relación con su puesto de trabajo.

Sería una propuesta muy interesante para las empresas, ya que la detección precoz de los trastornos relacionados con el estrés y el desgaste profesional no sólo sería beneficioso para el propio empleado, sino también para los intereses globales de las empresas, al disminuir de forma considerable la pérdida de productividad poniendo remedio antes de la mala evolución de estas patologías.

  • Prevención terciaria: se trata de un mecanismo de “reparación” cuando ya ha aparecido el daño, para evitar consecuencias fatales por la mala evolución del síndrome.

Lo menos deseable dentro de las estrategias de prevención es llegar ya este punto, pero si al menos se aplican técnicas para el control de los síntomas una vez aparecida la enfermedad, las secuelas de la misma o la evolución pueden llegar a ser menos tórpidas.

Un ejemplo de este tipo de prevención en Medicina se ve bien reflejado en los tratamientos frente al infarto agudo de miocardio. En él una de las técnicas más utilizadas en las últimas décadas es el empleo de “stents” y medicaciones vasodilatadoras para la reparación del daño arterial que ha sido el causante del infarto.

En estos casos el daño (infarto o muerte celular del miocardio) ya está hecho, pero al menos se intenta reestablecer el tránsito arterial para que las secuelas del mismo sean minimizadas (prevención de insuficiencia cardíaca, bloqueos y arritmias potencialmente mortales, reinfartos…)

Estas estrategias de prevención se enmarcan en tres contextos: el individual, el grupal o interpersonal y el organizacional.

1.- Aspectos individuales: se recomienda llevarlos a cabo de forma permanente, especialmente a modo de prevención primaria (antes de que se presenten los primeros síntomas de Burnout). Se trata de que el individuo aprenda estrategias de afrontamiento del estrés para así prevenir sus consecuencias. Consiste en una regulación de las emociones, desarrollo de actividades comunicativas y aprendizaje de técnicas de resolución de problemas que sean eficaces.

En este campo cabe destacar la importancia de los hábitos de vida saludables como una buena alimentación y la regularidad en el ejercicio físico; la higiene del sueño que ayuda al descanso y a afrontar mejor la adversidad; manejo de técnicas de relajación y comunicación que permitan expresar las emociones de forma sosegada y fomentar un ambiente laboral de confraternidad.

En este aspecto es muy importante la “asertividad” que se define como “la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás y con intención de negociación”.

2.- Aspectos grupales e interpersonales: se debe contar con apoyo social en el trabajo, con relaciones personales de calidad; además es muy importante aportar un apoyo técnico al trabajo de manera que este sea valorado “técnicamente” como positivo por los compañeros; por otro lado promover la creación de retos profesionales para aumentar la autoestima y “las ganas” de trabajar.

Una buena relación con los compañeros en el ámbito laboral fomenta un clima de trabajo adecuado y facilita la realización de la labor asistencial. Así en tareas que son más desagradables por sí mismas, un buen entorno de trabajo hace más “llevadero” el camino a seguir.

Esto cobra especial importancia en el ámbito de la salud, ya que se trata de llevar a cabo tareas asistenciales para otras personas (trabajo “de cara al público y para el público”), por lo que fomentar el trabajo en equipo y el reparto de tareas es fundamental.

Tanto a nivel de Atención Primaria y atención domiciliaria como en el estamento hospitalario existe un reparto de tareas bien definido (personal administrativo, celadores, auxiliares y diplomados en enfermería, médicos…) pero esto no debe fomentar una excesiva jerarquización de la medicina, sino servir como herramienta para desempeñar las funciones de forma óptima y en el núcleo del trabajo en equipo.

En este apartado toma un papel muy importante la figura de “jefe” o “coordinador”, que debe ser una persona con capacidad de liderazgo pero que sepa mantener el clima cálido y fomentar el compañerismo entre estamentos. Así el rasgo de la asertividad debe primar en su personalidad, ya que se trata de un eslabón en la cadena de trabajo que debe permitir un buen clima en el mismo, pero también ha de lograr conseguir los objetivos adecuados de productividad para que los distintos organismos funciones de forma correcta.

3.- Aspectos organizacionales: se debe fomentar un buen clima de trabajo poniendo a disposición de los profesionales los medios necesarios. Este apartado es muy importante porque es la base de la pirámide”; sin unos buenos cimientos, no se puede establecer un buen desarrollo. Dar apoyo y autoridad, hacer ver a los profesionales que están amparados en su trabajo cotidiano. A este respecto es muy conveniente fomentar la buena comunicación entre los cargos directivos y los profesionales asistenciales.

En muchas ocasiones, y más en el ámbito sanitario este hecho no se logra con frecuencia. Si bien es cierto que la tendencia en las últimas décadas es a mejorar la comunicación entre las direcciones y el personal empleado, aún persisten aspectos muy mejorables que se mantienen arraigados en las clásicas organizaciones de “jefes y subordinados”.

En múltiples encuestas que se realizan a los trabajadores, en las que se basa el resumen de este trabajo, un aspecto que los profesionales consideran prioritario es el apoyo con el que cuentan desde los estamentos superiores. Sentir un buen respaldo, comprensión y apoyo por parte de los directivos repercute en un trabajo más confortable para el trabajador.


Este artículo está basado en la tesina realizada por Laura López Álvarez para el Máster en Salud Laboral en el Medio Sanitario realizado en Formación Alcalá.

0 0 163 17 octubre, 2018 Tesinas octubre 17, 2018
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Acerca del autor

Laura López Álvarez Cursó sus estudios en la Facultad de Medicina de Oviedo (Asturias). Posteriormente hizo su especialización en Medicina Familiar y Comunitaria en el área sanitaria III (Avilés) de la misma Comunidad Autónoma. Interesada en el campo de las Urgencias, es Máster en Urgencias Médico-Quirúrgicas por la Universidad de San Jorge. Actualmente desempeña su actividad laboral como Médico de Atención Primaria en el área sanitaria en la que cursó su formación como Médico Interno Residente.

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