El Ojo Rojo en Atención Primaria

El Ojo Rojo en Atención Primaria

Tesina: El Ojo Rojo
Edición:
Precio:
20€

Autor:
Puntuación:
5
Analizado el 5 septiembre, 2017
Última edición:5 septiembre, 2017

Reseña:

En Atención Primaria de Salud se atiende con mucha frecuencia consultas por ojo rojo. Las causas más comunes son las conjuntivitis y las hemorragias subconjuntivales.

El ojo rojo constituye el principal motivo de consulta oftalmológico en la atención primaria, por lo que es necesario que el médico de familia esté capacitado para tratar sus causas, así como reconocer los criterios de derivación que hagan sospechar un riesgo para la integridad y funcionalidad del globo ocular.

El término “ojo rojo” engloba un conjunto de entidades clínicas caracterizadas por la presencia de hiperemia conjuntival, localizada o difusa. Esta inyección vascular puede expresar la hiperemia (enrojecimiento) de vasos conjuntivales, epiesclerales o esclerales. Traduce patología del segmento ocular anterior; es decir, de las estructuras situadas por delante del diafragma iridocristalino: párpados, córnea, esclera, conjuntiva, iris y cuerpo ciliar.

Se debe revisar la anatomía funcional de la superficie ocular, para el conocimiento de este tipo de patología. Entendemos por superficie ocular una unidad anátomo-funcional de diversas estructuras del ojo y sus anexos, que permiten mantener la transparencia de la córnea y proteger al ojo de la agresión externa. Bajo esta definición consideramos la conjuntiva, el limbo esclerocorneal, el epitelio corneal y la película lagrimal. Para el mantenimiento de esta homeostasis son también necesarias unas vías nerviosas aferentes y eferentes intactas. Las funciones necesarias para mantener la transparencia e indemnidad de la cornea son: hidratación, oxigenación, nutrición, remoción de materiales de desecho, barrera inmunológica, y la reparación frente a traumatismos.

De este modo, tenemos los párpados, formados por una placa tarsal fibrosa unida a la órbita por diversos ligamentos, que es recubierta anteriormente por piel y músculo orbicular, y posteriormente por la conjuntiva tarsal. En el interior de la placa tarsal se encuentran las glándulas de Meibomio. Desde el borde libre del párpado emergen las pestañas, que poseen glándulas anexas. Tenemos también la conjuntiva que es una lámina formada por epitelio y estroma, ricamente vascularizada, que reviste la superficie del globo ocular desde el limbo esclerocorneal, se refleja en los fondos de saco y recubre la superficie posterior de los párpados, produce la película lagrimal. Tiene además un importante rol inmunológico en diversas patologías de la superficie ocular. Se denomina conjuntiva tarsal a la que reviste la superficie interna del párpado y conjuntiva bulbar a la que reviste al globo ocular.

El pliegue semilunar se forma en la unión de la carúncula con la conjuntiva bulbar. Por otro lado está la glándula lagrimal, el principal aparato de drenaje lagrimal. Se localiza en el cuadrante superotemporal de la órbita y es inervada por el VII par craneal, siendo la responsable de la secreción lagrimal refleja frente a estímulos emocionales o estímulos irritativos en la superficie ocular. En el ángulo interno del borde libre de los párpados se encuentran los puntos lagrimales, por donde drena la lágrima hacia los canalículos lagrimales, que convergen en el saco lagrimal localizado en la fosa lagrimal de la pared medial de la órbita. A partir del saco lagrimal emerge el conducto lacrimonasal que desciende por un trayecto intraóseo hasta las fosas nasales en el meato inferior. Y por último hablamos de la película lagrimal, que conforma una capa de 10 micras de espesor sobre el epitelio corneal y el resto de la superficie ocular. Está compuesta por agua, proteínas y lípidos, además de diversos factores de crecimiento y trofismo, inmunoglobulinas y sustancias antibacterianas. Es la principal superficie refractiva del ojo, y permite la adecuada oxigenación de la córnea. Constituye la principal barrera de defensa del globo ocular contra alérgenos, toxinas y microorganismos.

Los signos en la clínica del ojo rojo son:

Enrojecimiento

  • Inyección conjuntival: hiperemia de vasos conjuntivales superficiales, más intensa en el fondo de saco conjuntival, disminuyendo conforme nos acercamos al limbo esclerocorneal. La hiperemia conjuntival indica patología del párpado y/o de la conjuntiva, y generalmente representa un proceso banal. La instilación tópica de un colirio vasoconstrictor (fenilefrina) en el fondo de saco conjuntival inferior atenúa o suprime la hiperemia durante algunos minutos, al actuar sobre los vasos superficiales móviles o deslizables.
  • Inyección ciliar o periquerática: hiperemia de vasos conjuntivales profundos y epiesclerales, más intensa a nivel del limbo formando un anillo hiperémico periquerático. Esta hiperemia que afecta a vasos perilímbicos se relaciona con patología más severa del segmento ocular anterior, que afecta a córnea, iris o cuerpo ciliar. La instilación tópica de un colirio vasoconstrictor no atenúa la hiperemia del círculo periquerático, ya que no actúa sobre vasos profundos, no móviles.
  • Inyección mixta (serio): inflamación corneal o intraocular. Hiperemia de vasos superficiales y profundos que confiere a la conjuntiva una tonalidad rojo vinoso. Esta hiperemia es característica del glaucoma agudo. La instilación tópica de un colirio vasoconstrictor sólo atenúa la hiperemia conjuntival relacionada con los vasos superficiales.
  • Equímosis subconjuntival o hiposfagma: colección de sangre subconjuntival producida por rotura vascular, que se presenta clínicamentecomo una mancha rojo vinosa que enmascara los vasos subyacentes. De resolución espontánea en 2-3 semanas.

Secreción

  • Acuosa ( conjuntivitis viral y alérgica aguda).
  • Mucopurulenta ( conjuntivitis catarla).
  • Mucosa ( conjuntivitis alérgica estacional y ojo seco).
  • Purulenta (bacteriana).

Relieve conjuntival

  • Papilas: en conjuntiva tarsal superior, y forma un mosaico o empedrado centrado por un vaso (conjuntivitis alérgica o bacteriana).
  • Folículos: en fondo de saco inferior, rodeados de vasos pequeños y situados en estratos profundos de la mucosa (conjuntivitis viral, clamydias, tóxicos).
  • Flicténulas (conjuntivitis alérgica). Elevaciones rodeadas por una vascularización intensa que asienta en conjuntiva bulbar.

Alteraciones pupilares: glaucoma (midriasis), uveítis (miosis)

Pérdida de transparencia corneal: edema e infiltración corneal.

Dentro de los síntomas del ojo rojo tenemos:

  • Dolor: insistir al paciente para que diferencie este dolor de la sensación de cuerpo extraño (conjuntivitis infecciosa o cuerpo extraño) o picor (conjuntivitis alérgica).
  • Disminución de la agudeza visual: si la visión borrosa no desaparece con el parpadeo, como ocurre en la conjuntivitis, se debe sospechar lesión corneal o intraocular.
  • Triada típica de la cámara anterior: fotofobia (intolerancia visual anormal a la luz) + lagrimeo (hipersecreción lagrimal) + blefaroespasmo (cierre involuntario palpebral por contracción tónica o clónica del músculo orbicular).

En el diagnóstico del ojo rojo debemos preguntar por los antecedentes y hacer un estudio ocular. El material básico necesario en atención primaria es una buena fuente de luz, lupa y fluoresceína. La revisión se realizará de fuera a dentro:

  • Revisar los párpados (secreciones, eritema, costras, cierre y grado de exposición corneal) y la piel (buscar vesículas cutáneas dolorosas debidas a herpes simple o zoster).
  • Se revisa posteriormente la conjuntiva para lo que habrá que evertir los párpados: buscar hiperemia, secreciones, cuerpos extraños, etc.
  • Explorar la córnea (inyección ciliar, turbidez corneal, etc) y si es preciso, hay que teñir con fluoresceína e iluminar con una luz azul para poder apreciar erosiones, punteados, ulceras, etc. El alivio del dolor con anestésico tópico suele ser sugestivo de afectación corneal.
  • En lo posible se explora la cámara anterior, el iris, la pupila (verificar el reflejo fotomotor). “Signo de iritis”: aproximar el dedo del examinador a la nariz del paciente; el signo es positivo ante la aparición o empeoramiento del dolor al acomodarse el ojo.

Con el oftalmoscopio directo, se descarta la presencia de células en vítreo característico de la uveítis anterior (Tyndall +).

La lámpara de hendidura de la que no se dispone en la mayoría de los centros de atención primaria, nos permite examinar de forma más precisa la cámara anterior y determinar la presión intraocular. La PIO en condiciones normales es de 15+/- 2,5mmHg.

El cultivo o raspado para frotis bajo microscopio estará indicado ante una conjuntivitis neonatal, purulenta grave, recurrente o crónica, resistente al tratar o acompañadas de úlceras corneales, y ante todo infiltrado corneal que sospechemos infeccioso.

Ante una uveítis anterior bilateral o recurrente, solicitaremos para conocer el origen: analítica general, ANA, RPR (sífilis), radiografía de tórax (TBC) y HLA B27.

No siempre resulta fácil el diagnóstico diferencial del ojo rojo.


Este artículo está basado en la tesina realizada por María Luisa Alquézar Labab para el Máster en Urgencias Médico-Quirúrgicas realizado en Formación Alcalá.

0 0 298 05 septiembre, 2017 Tesinas septiembre 5, 2017
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Acerca del autor

Maria Luisa Alquézar Labab Médico de Atención Continuada en Atención Primaria. Centro de Salud de Benabarre (Sector Barbastro). SALUD. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Zaragoza. 1990. Programa de Doctorado en Oncología, Hematología, Infecciosas y Psiquiatría. Universidad de Zaragoza. 1992. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en Unidad Docente de Teruel. 1998. Diplomado en Sanidad. Escuela Nacional de Sanidad. Instituto de Salud Carlos III. 1999. Máster en Urgencias Médico-Quirúrgicas. Universidad San Jorge. 2014.

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