Cuidar al cuidador informal
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Cuidar al cuidador informal

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5
Analizado el 17 julio, 2017
Última edición:17 julio, 2017

Reseña:

El aumento de la esperanza de vida hace que la población cada vez sea más mayor y esté más envejecida, produciéndose un aumento de las situaciones de dependencia y así mismo de los llamados cuidadores informales.

En las últimas décadas se está asistiendo al fenómeno conocido como sobreenvejecimiento de la población, que hace que cada vez haya más personas mayores y que éstas a su vez tengan más edad. Esto se debe a una baja natalidad, baja mortalidad y la elevada expectativa de vida y el consecuente predominio de las enfermedades crónicas y del grupo de personas mayores.

Este sobreenvejecimiento lleva aparejado un mayor número de situaciones de dependencia y requiere el que las personas mayores necesiten ayuda de terceros para desenvolverse en su vida diaria. Esta ayuda es habitualmente prestada por los cuidadores familiares o informales y/o principales. Los cuidadores se encuentran con una gran cantidad de dificultades para prestarles ayuda, dificultades que les generan consecuencias negativas para su salud física y psíquica, y que lleva a plantearse la necesidad de contar con más y mejor formación acerca de cómo responder a las necesidades relativas a la dependencia de los mayores de la manera más adaptativa posible.

Para comenzar a aborda el tema es necesario empezar definiendo “dependencia” y los factores que influyen en ella.

Según la OMS define que: “la dependencia es la limitación en la actividad para realizar algunas actividades claves y que requiere una ayuda humana que no se necesitaría de forma acostumbrada para un adulto sano y que es dependiente la persona que no es completamente capaz de cuidar de sí misma, de mantener una alta calidad de vida, de acuerdo con sus preferencias, con el mayor grado de independencia, autonomía, participación, satisfacción y dignidad posible”

El Consejo de Europa define la dependencia como “la necesidad de ayuda o asistencia importante para las actividades de la vida cotidiana” o, de manera más precisa, como “un estado en el que se encuentran las personas que por razones ligadas a la falta o la pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual, tienen necesidad de asistencia y/o ayudas importantes a fin de realizar los actos corrientes de la vida diaria y, de modo particular, los referentes al cuidado personal.

Otro factor es el grado de dependencia de la persona cuidada y por tanto la necesidad de ayuda:

  • Grado 3 (gran dependencia): Cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria varias veces al día y, por su pérdida total de autonomía mental o física, necesita la presencia indispensable y continúa de otra persona.
  • Grado 2 (dependencia severa): Cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria dos o tres veces al día, pero no requiere la presencia permanente de un cuidador.
  • Grado 1 (dependencia moderada): Cuando la persona necesita ayuda para realizar una o varias actividades básicas de la vida diaria, al menos una vez al día.

Una vez entendido todo lo que engloba “la dependencia” comenzaremos con el cuidador familiar o principal.

La cuidadora familiar es aquel familiar que asume las tareas del cuidado no profesional ante la aparición de una situación de dependencia, para satisfacer las necesidades del dependiente y apoyarlo en las actividades de la vida diaria. En el caso del cuidador principal puede que coincida con el cuidador familiar o no.

La cuidadora principal se considera a la persona que suele tener el mayor peso en la responsabilidad de los cuidados de la persona dependiente.

Las cuidadoras de personas dependientes, suelen tener unas características comunes: mujer de más de 55 años, ama de casa, sin estudios o con estudios primarios o secundarios, con relación de consanguinidad suelen ser hija, esposa o compañera o nuera, y que suele vivir de forma permanente con la persona cuidada en el mismo domicilio, dedicándole más de 5 horas al día en su cuidado (un tercio le dedica unas 20 horas).

La relación de convivencia, es un factor importante, sobre todo, si la cuidadora vive en el mismo domicilio de la persona cuidada. En los casos en que la cuidadora vive en un domicilio diferente, esta circunstancia le proporciona momentos de respiro que juegan un importante papel en la vivencia de esta situación.

También tiene gran relevancia el parentesco y el grado de vinculación emocional que se tiene con la persona dependiente. Lo habitual, es que esta función de cuidadora principal, la desempeñen las hijas y esposas cuando la persona cuidada es hombre, y nuera e hijas cuando la persona dependiente es mujer.

Otro factor importante a tener en cuenta que afecta tanto al trabajo de cuidar como a los sentimientos es la duración de la enfermedad. Cuando hay una aparición súbita, la gran dificultad inicial será el aprendizaje y la aceptación que la familia tendrá que hacer para la convivencia con la enfermedad. Se intenta dar respuesta adecuada a la situación, con frecuencia, experimentando sentimientos contrapuestos hacia la persona cuidada, por una parte deseando ayudarle, pero al mismo tiempo con percepción de carga por la cantidad de cuidados a prestar y la dificultad de su afrontamiento.

Se ha comprobado que, el cuidado de un familiar repercute en la salud de la persona que lo presta, debido a la gran carga física y psíquica que conlleva dicho cuidado; llegando a una pérdida de su salud física al sufrir problemas osteo-articulares (dolor crónico de espalda, artrosis, reumatismo), mala percepción de su salud y a veces una elevada frecuencia de depresiones. Todo esto se acompaña a veces de cansancio, problemas cardiovasculares y alteraciones neurológicas (dolores de cabeza, insomnio nocturno y sueño de día).Cuatro de cada diez cuidadoras familiares, refieren tener problemas en las relaciones familiares, sociales, en el uso del tiempo libre e incluso en la vida laboral. Todo ello aboca con frecuencia al aislamiento social.

Actualmente, hay una mayor sensibilidad en la sociedad y en las administraciones públicas, incluida la sanitaria, hacia unos cuidados de la persona en su contexto familiar y, a ser posible, en su propio domicilio. Las cuidadoras actúan como intermediarias e interlocutoras entre las personas a las que cuidan y la sociedad, con los servicios sociales y sanitarios como puntos de contacto habitual.

Y por último los sentimientos, la percepción y la repercusión de los cuidados en la cuidadora principal.

Los sentimientos de la cuidadora hacia sí misma

  • Negación
  • Ansiedad, angustia desesperación
  • Ira, rabia
  • Depresión
  • Impotencia
  • Contrariedad, culpa por enfadarse con su familiar, por pensar que podría hacer más de lo que hace, por desear la muerte del familiar, por descuidar otras responsabilidades, por tener necesidades e intereses propios.
  • Duelo por la salud y por todas las pérdidas ya sean de partes del cuerpo, de determinadas funciones o de objetivos y expectativas que ya no se podrán realizar.
  • Violencia, tristeza y desesperanza, que difícilmente abandona a la familia y la cuidadora, por la vivencia del sufrimiento de su familiar, por la pérdida de control de la propia vida.

Los sentimientos de la cuidadora hacia la persona que cuida y el resto de familiares:

  • Alianzas con la persona cuidada y “exclusión emocional” de otros familiares implicados debido a la estrecha relación que se establece.
  • La sobreprotección de la persona cuidada y la “conspiración de silencio”: la cuidadora considera a su ser querido incapaz para muchas áreas en la que, en principio, conserva su capacidad perfectamente.
  • Cambio de papeles que juega cada familiar, agravándose si la persona cuidada es el cabeza de familia, ya que otra persona ha de asumir este papel.
  • Sentimiento de enfado o irritabilidad, por lo injusto de la situación, la falta de reconocimiento de su trabajo, la falta de acuerdo sobre decisiones de los cuidados en la familia y la falta de apoyo.

Y los sentimientos hacia el sistema socio-sanitario:

  • Sentimiento de soledad y aislamiento social: la persona cuidada dependerá cada vez más de su red social, precisando recibir más que dar y emergerá por ello un potente sentimiento de desamparo de la persona cuidadora si no se cumplen las expectativas. Si sobrellevan sentimientos negativos, sin expresarlos, puede tener consecuencias negativas para su propio bienestar y el de la persona que cuida.

El principal problema que ataca a las cuidadoras principales de personas dependientes es “el síndrome del cuidador” que se evaluará mediante la escala de sobrecarga del cuidador de Zarit; evitar llegar a este nivel será parte primordial en el proyecto de educación para la salud a realizar.


Este artículo está basado en la tesina realizada por Aída Rodríguez Rubio en Formación Alcalá.

0 0 1673 17 julio, 2017 Tesinas julio 17, 2017
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Acerca del autor

Aída Rodríguez RubioDiplomada Universitaria en Enfermería por la Universidad de Oviedo (2007-2010). Máster universitario en urgencias y cuidados críticos intrahospitalarios por la Universidad San Pablo Ceu de Madrid (2012). Experto universitario en hemodiálisis por la Universidad de Oviedo (2015). Actualmente enfermera en SESPA.

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