Meningitis en Pediatría
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Meningitis en Pediatría

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Analizado el 23 febrero, 2017
Última edición:23 febrero, 2017

Reseña:

La meningitis es una patología de distribución mundial con una mortalidad elevada a pesar de la aparición de nuevos antimicrobianos y el desarrollo de nuevas estrategias preventivas. El tratamiento no debe demorarse, iniciándose de forma empírica hasta la tipificación del germen causante. La vacunación resulta la estrategia preventiva por excelencia, medida que ha reducido los casos en los últimos años especialmente en casos de meningitis por Haemophilus influenzae B, neumococo y meningococo.

El término meningitis designa aquella inflamación de las meninges blandas (leptomeninges) por bacterias, virus, hongos o como resultado de irritación química o infiltración maligna.

La clínica de la meningitis se caracteriza por signos y síntomas meníngeos y encefálicos, con grado variable de afección sistémica, cuyo precoz diagnóstico y tratamiento disminuye la mortalidad y la gravedad de las secuelas neurológicas.

Ocurre en un 80% en la infancia, principalmente en niños menores de 10 años, especialmente en los menores de un año, con un pico máximo después del periodo neonatal, entre los tres y ocho meses de edad.

La meningitis es la causa más frecuente de fiebre asociada a signos y síntomas de afectación del sistema nervioso central en los niños.

En un principio, cualquier microorganismo puede causar la infección, y el agente patógeno específico está influenciado por su epidemiología, la edad y el estado inmunológico del huésped. En general, las infecciones víricas son más frecuentes que las bacterianas.

La meningitis bacteriana se sigue manteniendo como una enfermedad importante de distribución mundial y es una causa mayor y sustancial de morbilidad y mortalidad en países en desarrollo, con una mortalidad tan alta que puede llegar incluso al 30-50%.

Sin embargo y a pesar de los notables avances en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades infecciosas en las últimas tres décadas, la meningitis bacteriana permanece como uno de los problemas más importantes de salud pública en todo el mundo, encontrándose entre las 10 principales causas de muerte por enfermedades infecciosas.

La meningitis es causa frecuente de infección en el niño y la morbilidad y mortalidad no han cambiado mucho en los últimos 15 años, a pesar de la aparición de nuevos antimicrobianos y a las estrategias dirigidas a la prevención.

Esta patología es una de las infecciones que afectan al recién nacido, fundamentalmente la meningitis aséptica o viral, que más comúnmente es ocasionada por enterovirus y por lo general no tiene consecuencias adversas y resuelve espontáneamente excepto cuando la infección es por virus de herpes simplex.

La meningitis aséptica es aquel síndrome clínico de inflamación meníngea en el que los agentes bacterianos comunes no crecen en los medios de cultivo rutinarios de muestras de líquido cefalorraquídeo, aunque comúnmente se aplica a casos probados o presumidos de meningitis viral. El 85% de los casos de meningitis aséptica en niños y lactantes son debidos a enterovirus humanos.

Por lo general la meningitis vírica no tiene consecuencias adversas y resuelve espontáneamente excepto como ya se había comentado, en aquellas infecciones por virus herpes simplex en los que la enfermedad puede ser letal o dejar secuelas neurológicas invalidantes permanentes.

Teóricamente la meningitis aséptica no necesita tratamiento antibiótico, se suele indicar este tratamiento por 48-72 horas de duración hasta tener los resultados de cultivo bacteriológico del líquido cefalorraquídeo y sangre.

Por otra parte la meningitis aguda bacteriana sigue siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad en la edad pediátrica, a pesar de los avances en antibioterapia que se han producido en los últimos años.

La etiopatogenia varía según la edad, el nivel de inmunocompetencia, la región geográfica, etc. En nuestro medio, los gérmenes más frecuentes que ocasionan meningitis bacterianas son el neumococo, el meningococo B y C, Haemophilus. Entre los más comunes también se encuentran S. Agalactiae, Estreptococo B, Escherichia coli, L. monocytogenes y Klebsiella.

La introducción de vacunas efectivas contra el Haemophilus influenzae tipo b, contra el Streptococcus pneumoniae así como Neisseria meningitidis ha contribuido a disminuir de manera substancial el número de casos de meningitis bacteriana, pero los mismos siguen y continuarán ocurriendo.

El agente etiológico que con más frecuencia se encuentra dentro de los dos primeros años de vida es el Streptococcus pneumoniae.

Como ya se ha comentado la meningitis bacteriana puede ser causada por una gran variedad de microorganismos, dependiendo de la edad y otros factores.

Atendiendo a la edad los principales agentes etiológicos serán:

  • En menores de 3 meses son el Streptococcus grupo B, bacilos gram negativos y la Listeria monocytogenes.
  • En niños entre 3 meses y 5 años los más frecuentes son el S pneumoniae, Neisseria meningitidis y H. influenzae B.
  • En mayores de 5 años predomina el S. pneumoniae y la Neisseria meningitidis.

En situaciones especiales otros microorganismos pueden estar presentes:

  • Problemas neuroquirúrgicos:
    • Válvulas de derivación ventrículo-peritoneal: S. aureus, S. epidermidis, S. pneumoniae, Pseudomona aeruginosa, bacilos gram negativos.
    • Mielomeningocele, sinus dérmicos sacros: S. aureus, Pseudomona aeruginosa.
    • Heridas penetrantes en cráneo o neurocirugía: S. aureus, Pseudomona aeruginosa, bacilos gram negativos.
    • Fístulas de LCR, implantes cocleares: S. pneumoniae
  • Inmunodefiencias:
    • Déficit de linfocitos T, trasplante de órgano sólido: S. pneumoniae, N. meningitidis, Hib, L. monocytogenes, bacilos gram negativos.
    • Déficit de inmunoglobulinas, VIH: S. Pneumoniae, N. meningitidis, Hib.
    • Déficit del complemento: S. pneumoniae, N.meningitidis.
    • Asplenia: S. pneumoniae, N. meningitidis, Salmonella sp.

El diagnóstico de la meningitis bacteriana se basa en el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR), obtenido por punción lumbar.

El cultivo del LCR es positivo en un 70-85% de los pacientes que no han recibido antimicrobianos parenterales previamente. Ningún criterio clínico utilizado de forma aislada ofrece óptima sensibilidad y especificidad para distinguir entre meningitis bacteriana o aséptica. Ningún criterio de laboratorio aislado (tinción de Gram, test de antígenos bacterianos, proteína C reactiva, conteo de glóbulos blancos, conteo de neutrófilos o niveles de proteínas o glucosa en LCR) ofrece tampoco 100% de certeza en la discriminación. Por lo tanto, una combinación de criterios clínicos y de laboratorio brinda la mejor aproximación al diagnóstico etiológico.


Este artículo está basado en la tesina realizada por Beatriz Alba González para el Máster en Urgencias Pediátricas realizado en Formación Alcalá.

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Acerca del autor

Beatriz Alba González Diplomada en fisioterapia por la Universidad de Oviedo (2005), Grado en Enfermería por la Universidad de Oviedo (2010), Máster en Enfermería de Urgencias y Cuidados Críticos por la Universidad de Oviedo (2012), Especialista en Enfermería del Trabajo (Hospital Rio Hortega de Valladolid, 2015) y Máster en Urgencias Pediátricas por la Universidad San Jorge (2016). Fisioterapeuta y enfermera en Servicio de Salud del Principado de Asturias.

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