Perfil Psicosocial de Niños y Adolcestences con Diabetes Mellitus

Perfil Psicosocial de Niños y Adolcestences con Diabetes Mellitus

Edición:
Precio:
20€

Autor:
Puntuación:
5
Analizado el 8 agosto, 2017
Última edición:8 agosto, 2017

Reseña:

La diabetes mellitus gestacional, es la tercera gran categoría clínica en la clasificación actual de la diabetes y representa un factor de riesgo para la mujer y un problema de salud. La DM puede ocurrir en dos situaciones durante el embarazo: puede surgir en mujeres que ya padecen diabetes tipo 1 o tipo 2 desde antes del embarazo o puede desarrollarse durante el embarazo.

La diabetes mellitus es uno de los grandes problemas de salud mundiales y se considera una enfermedad social, no sólo por su elevada frecuencia, sino también por un elevado coste económico. En los últimos años ha crecido el interés acerca de los aspectos psicosociales y de la calidad de vida en las enfermedades crónicas, en particular la diabetes. La aproximación terapéutica debe incluir la comprensión de aspectos sociales, y psicológicos de la diabetes mellitus tipo 1 y se desea lograr el bienestar del paciente a la vez que la prevención de las complicaciones.

En el tratamiento general de las enfermedades crónicas de los niños el clínico ha de procurar satisfacer tres objetivos:

  • Obtener un diagnóstico definitivo y completo
  • Comenzar un tratamiento que frene el desarrollo de la enfermedad, a la vez que trate las complicaciones.
  • Valorar la existencia, tratar y/o prevenir los problemas en los aspectos psicológicos y sociales que puedan aparecer.

Los dos primeros objetivos se satisfacen con los principios fundamentales de la clínica pediátrica en los que se basa la enseñanza actual y cuyos detalles pueden encontrarse en los libros de texto. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el tercer objetivo, que generalmente ha sido infravalorado.

En las últimas décadas ha crecido enormemente el interés en estos aspectos, como se demuestra la ingente cantidad de estudios que han surgido en torno al tema, así como acerca de la calidad de vida en la diabetes. Como señalan algunos autores la meta última en el tratamiento de la diabetes es alcanzar una elevada calidad de vida para sus pacientes evitando la aparición de complicaciones.

La diabetes, a diferencia de otras enfermedades crónicas, requiere un extraordinario esfuerzo para el autocontrol, lo que puede producir un estrés psicosocial y psicológico añadido que afectaría de manera negativa al enfermo con esta patología. Por ello, la diabetes es una enfermedad que requiere grandes ajustes en el estilo de vida y una amplia educación del paciente. El médico que trata al niño y al adolescente diabético tiene un papel fundamental como asesor y debe estar atento a los problemas emocionales habituales de su enfermo. Los problemas emocionales pueden ser tan importantes que indiquen la necesidad de asistencia psicológica, en particular si estos son responsables de un mal control metabólico. La existencia de problemas psicológicos en la infancia y la adolescencia de los diabéticos es un hecho confirmado, lo que hace imprescindible la instauración de un tratamiento especializado.

En pediatría, los equipos que tratan a los pacientes diabéticos deberían contar entre sus miembros no sólo con expertos y educadores en diabetes, sino también con especialistas en salud mental. Con la colaboración de los profesionales sería posible en el futuro desarrollar programas de tratamiento y prevención que redundarían en una mejora de la calidad de vida de los pacientes. Se revisa el ajuste psicosocial a la diabetes mellitus tipo 1 (DM1), la más prevalente en la edad pediátrica, según las sucesivas etapas de edad: lactante y preescolar, infancia y adolescencia.

La diabetes en lactantes y niños de preescolar

Los debuts precoces de la DM1 en el lactante y preescolar son difíciles de vivir, pues la adaptación al tratamiento es delicada. Los jóvenes padres expresan a menudo su desconcierto. Diversos aspectos en el manejo de la diabetes pueden dar lugar a dificultades en el niño preescolar y sus padres, de manera que la relación padre-hijo puede verse perturbada. La habilidad cognitiva limitada del niño para afrontar este estrés puede conllevar la aparición de otras estrategias de afrontamiento como agresión, incumplimiento terapéutico o aislamiento que pueden incrementar la frecuencia de síntomas de estrés inducidos como quejas psicosomáticas, trastornos del apetito o ansiedad.

La necesidad de una estricta adherencia a esquemas y rutinas para las comidas, las inyecciones de insulina o los autoanálisis de glucemia no suelen encajar bien con características como impredecibilidad, labilidad emocional o preferencias alimentarias transitorias, típicas de muchos niños preescolares. Además, la DM1 puede representar un obstáculo para alcanzar determinados hitos en el desarrollo, como la resolución de la ansiedad de separación y el desarrollo de la autoconfianza, ya que la ansiedad parental acerca de la seguridad física del niño puede inhibir que se le anime a tener una autonomía apropiada. Las responsabilidades del cuidado de la diabetes son asumidas casi exclusivamente por los padres, de manera que pueden sentir culpabilidad, temor o frustración cuando el niño o la enfermedad no se comportan como se esperaba.

Un aspecto clínico importante de la diabetes son las hipoglucemias. Las hipoglucemias son mucho peor toleradas por un sistema nervioso en desarrollo. Además pueden ser más severas o prolongadas en los niños pequeños, que pueden tardar en identificarlas y ponerles fin avisando a los padres o mediante la ingesta de alimentos. Algunos estudios ponen en evidencia que los niños pequeños con diabetes (menores de 5 años) tienen especial riesgo de sufrir un sutil deterioro neurológico relacionado con la hipoglucemia. Esta disfunción neuropsicológica sutil probablemente sea una complicación frecuente de la enfermedad en los niños diabéticos diagnosticados en edad temprana. Por lo tanto, es posible que exista una asociación entre un diagnóstico de diabetes a una edad temprana y el posterior desarrollo de alteraciones en el aprendizaje, con el consiguiente riesgo de dificultades académicas y profesionales.

La diabetes en el niño en edad escolar

La aparición de diabetes insulinodependiente en un niño en edad escolar hace que la responsabilidad del tratamiento recaiga en los padres, reforzando la dependencia del niño en función de las capacidades parentales de tolerar riesgos. En esta época, el niño se encuentra en una etapa del desarrollo en la que o bien se implica extremadamente en ideas y tareas o por el contrario se siente inferior e incapaz de realizar nada. Sin embargo, su focalización en “hacer y practicar” hace que esté preparado para aprender a manejar la diabetes. La primera hipoglucemia, en particular si aparecen convulsiones, se vive de forma dramática. Estas inquietudes pueden producir la tentación de aumentar el control sobre el niño, de mantenerlo dentro de una zona de seguridad, lo que le hace asumir una imagen desvalorizada de su eficacia y capacidad de control sobre la enfermedad que ha comenzado. Posteriormente, el niño se independizará, aprenderá a tratarse a sí mismo y a controlar los resultados del tratamiento.

Varios grupos de trabajo, tras realizar seguimientos longitudinales, señalan que el diagnóstico de la diabetes se acompaña de una crisis psicológica, no muy intensa y de la que la mayoría de los niños se recuperan, siendo la respuesta psicológica inicial a la diabetes menos severa de lo que se podría esperar. Algunos autores concluyen que el debut de la diabetes no conlleva necesariamente problemas psicológicos en este temprano estadio de la enfermedad. Sin embargo, Kovacs y cols, encuentran que, si bien la mayoría de niños y adolescentes con DM1 se adaptan bien a su enfermedad, un 36% presentan a lo largo del primer año algún problema psiquiátrico, sobre todo depresión. Según estos autores, los trastornos en el ajuste inicial, predicen el desarrollo posterior de ansiedad y depresión. Tras el primer año del diagnóstico, persiste una tasa elevada de depresión y de cuadros de ansiedad en comparación con niños no diabéticos. Otros estudios han encontrado una peor autoestima relacionada con la enfermedad.

Después del primer año de evolución de la enfermedad tiene lugar otro segundo período, el cual coincide con varias situaciones clínicas importantes en el cuidado de niños con diabetes: finaliza la fase de remisión, los niños ya han aprendido las habilidades necesarias para manejar la enfermedad y comienza la realidad potencial del vivir día a día con la diabetes. Puede que sea este momento, a partir del segundo año cuando el niño se aprecia que la diabetes es para toda la vida y las dificultades en el manejo son las habilidades que se requieren para manejar la enfermedad. Al cabo de dos años tras el diagnóstico, los niños con diabetes muestran mayores niveles de dependencia. La detección y tratamiento tempranos de los trastornos psiquiátricos como la depresión son importantes pues su presencia se relaciona con un peor control metabólico. En la edad escolar frecuentemente encontramos transgresiones alimentarias. Teniendo en cuenta, por otro lado, que a esta edad las transgresiones son normales, pues parece que sin transgresión no hay autonomía, es importante que el hogar no se transforme en un estado policial.

El diabético adolescente y joven adulto.

La adolescencia es una edad en la que se produce un desarrollo de la percepción, el aprendizaje, el razonamiento y el lenguaje que permiten al adolescente manejar la abstracción, con lo cual es posible una mejor comprensión de la enfermedad. Los adolescentes deben asumir el reto que implica la adaptación y aceptación de los cambios emocionales y físicos de la pubertad y la consolidación de un sentido de integridad e identidad corporal. El adolescente diabético debe, además, asumir su autocontrol (realización de autoanálisis y toma de decisiones), prestar atención constante a la dieta, actividades físicas, etc.. Asimismo percibe que aplicarse varias inyecciones al día resulta poco “normal”, por lo que se puede comprender que viva un sentimiento de injusticia y rebeldía.

Ser diagnosticado de diabetes en la adolescencia se asocia frecuentemente con conflictos parentales. Cuando el adolescente comienza a afirmarse en sí mismo y a asumir nuevas responsabilidades se encuentra con el control de sus padres. Como resultado, puede afirmar su independencia negando la enfermedad, no acudiendo a las citas médicas o rehusando cumplir las pautas de la dieta o de la insulina. La experimentación conductual es la norma durante la adolescencia. El adolescente cree que es invulnerable y esta actitud le puede conducir a peligrosas actitudes de riesgo: alterar su tratamiento deliberadamente para comprobar si es verdad que necesitan ponerse insulina todos los días o monitorizar la glucemia en cada comida. Esta experimentación tan arriesgada puede dar lugar a episodios de cetoacidosis y sobre todo a un mal control de la diabetes. Por todo ello, quizás sea la adolescencia el momento de la vida del individuo en que la diabetes interacciona más negativamente como enfermedad crónica.

La diabetes durante largo tiempo es una enfermedad invisible y sin síntomas. Al contrario de otras enfermedades crónicas como el asma, la diabetes se acompaña de poco absentismo escolar y de buenos resultados escolares y sin que haya impacto significativo sobre la inserción laboral de los jóvenes. Sin embargo, a son muchos los casos en que el joven diabético evita hablar a otros de su enfermedad y se excluye de la práctica de deportes o de los viajes organizados. La autoimagen es típicamente inestable en la adolescencia temprana, pero el adolescente diabético puede tener una autoestima y autoimagen especialmente mala, y verse a sí mismo más débil que sus compañeros, lo que intensifica los sentimientos de inferioridad y el miedo al rechazo de sus compañeros.

Durante la adolescencia las infracciones son numerosas y tanto el personal sanitario como los padres se enfrentan a las trampas que frecuentemente serán negadas. Tales conductas a veces se inscriben dentro del rango de las fobias o miedos específicos, fobia a las hipoglucemias, miedo a los malos resultados, fobia a los pinchazos y a la sangre, etc. La adherencia al tratamiento o cumplimiento terapéutico está íntimamente unida al buen control metabólico. El mal cumplimiento terapéutico es un problema marcado sobre todo en la adolescencia, como señalan algunos autores que en un estudio muestran además que el mal cumplimiento tiene una duración prolongada, culmina hacia los 17-19 años y se asocia en ocasiones a patologías psiquiátricas. En este sentido, señalar que los campamentos para diabéticos y los grupos de apoyo estimulan el ajuste emocional, lo que se traduce en una mejor adherencia al tratamiento, y por lo tanto en un mejor control metabólico. En recientes estudios se ha documentado una disminución del apoyo y de la implicación de los padres en las tareas del manejo de la diabetes en los primeros años de la adolescencia y se ha comprobado que los adolescentes que asumen demasiado temprano la responsabilidad del manejo de la diabetes son menos cumplidores, cometen más fallos en su autocontrol y tienen un peor control metabólico que los adolescentes cuyos padres permanecen más tiempo implicados en el manejo de la diabetes.

Por ello es necesario mantener la supervisión de los padres en el manejo de la diabetes durante la adolescencia y evitar o minimizar el conflicto padres-adolescente por ello. Señalar también que entre las mujeres adolescentes diabéticas los temores relacionados con la obesidad y los episodios de sobreingesta previos alcanzan una elevada proporción, llegando a verdaderos trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia nerviosa y la bulimia en algunos casos. Algunas jóvenes diabéticas pueden reducir o abandonar por completo las inyecciones de insulina con el objeto de perder peso, requiriendo el restablecimiento del tratamiento con insulina en estos casos una extensa negociación entre la paciente y el médico. Por último, señalar que las tasas de mortalidad en adolescentes diabéticos son mayores que en adolescentes normales. La causa de la mayoría de estas muertes es por complicaciones agudas, fundamentalmente cetoacidosis, bien al debut o posteriormente. No debemos olvidar que el suicidio puede ser una causa de muerte en los adolescentes diabéticos. Se han encontrado incluso unas tasas de suicidio más altas de lo que cabría esperar entre hombres jóvenes con DM1. Algunos autores plantean la existencia de una proporción desconocida de intentos de suicidio e ideación suicida en el joven diabético y la utilización de la insulina o su omisión para este fin, por lo que siempre se ha de tener en cuenta la posibilidad de tentativa de autolisis en los comas hipoglucémicos o cetoacidóticos en adolescentes.


Este artículo está basado en la tesina realizada por Mª Lorena Fernández Huerta para el Máster en Alimentación y Nutrición Perinatal realizado en Formación Alcalá.

0 0 445 08 agosto, 2017 Tesinas agosto 8, 2017
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Acerca del autor

Mª Lorena Fernández Huerta Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud de León (2008-2011). Ciclo formativo de grado superior: Técnico Especialista en Laboratorio de Análisis Clínicos. I.E.S. Nº1 Gijón-Asturias (2006-2008). Técnico Auxiliar de Enfermería. I.E.S. Cerdeño-Oviedo- Asturias (1997). Experiencia laboral en residencia de ancianos ERA (2012), en SACYL (2015-2016). Actualmente trabajadora eventual en SESPA.

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