Cuentanos tu anécdota
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0 2 634 10 abril, 2014 Formación Alcalá, Promociones abril 10, 2014
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2 comentarios

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    Amaia

    Trabajar en un país extranjero, cuyo idioma y cultura no dominas a la perfección, complica bastante la labor de enfermería pero, también surgen situaciones muy cómicas que convierten casi cada día en una anécdota. Aún que en este caso concreto, el idioma no tuvo nada que ver.
    En el hospital en el que trabajo hay tres pacientes por habitación. Normalmente intentamos que el grado de enfermedad sea similar, para que los pacientes orientados e independientes puedan pasear juntos y compartir actividades. Pero no siempre es posible. Este día yo tenía en la habitación una paciente encamada, otra totalmente independiente y la tercera era dependiente pero con grandes dificultades visuales y para la comunicación.
    Todo ocurrió cuando fui a ponerle una infusión a mi paciente encamada que, por un problema postural, no pasaba. Le pedí que dejase la mano quieta apoyada en la barandilla y, la pobre, sabiendo que no se acordaría a los dos minutos, me señaló un pañuelo de tela que tenía por allí y luego miró su mano, indicándome que se la atase a la barandilla. Empecé a reírme por las ocurrencias de la señora que parecía desorientada pero era consciente de su situación, la paciente independiente estaba cerca y también le llamó la atención pero en ese momento, recibió una llamada. Ella comenzó a hablar con su familiar, yo continué a lo mío y de repente: -¿Hola? ¿Holaaa?. La tercera en cuestión, sentada al lado de una ventana sin acceso a ningún teléfono, se había puesto la taza del desayuno vacía delante de la boca gritando, esperando una respuesta. La de la vía miró asombrada, la del teléfono me miró a mi, se empezó a reír y yo acabé agachada en el suelo con un ataque de risa.

    Fue un momento muy curioso en el que, una vez más, cualquier modo de comunicación no verbal supera las dificultades de un idioma.

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